Alejandro III el Magno




Alejandro III el Magno (356-323 a. C.). Rey macedonio, conquistador e impulsor de la hegemonía helenística.

«Si espero perderé la energía de la juventud.»


«¡Qué excelente caballo pierden por falta de destreza y denuedo para manejarlo!»

Cuando se llevaban al caballo Bucéfalo por ser completamente inútil e indomable.


«Amigos, ahí tenéis al hombre que se disponía a pasar de Europa al Asia: pasando de un lecho a otro ha acabado por los suelos.»

Aludiendo a su padre Filipo, que borracho en su propia boda, se dirigía espada en mano contra Alejandro, furioso por una frase de su hijo.


«Yo he venido a Asia, no con el propósito de recibir lo que vosotros me deis, sino con el de que tengáis lo que yo deje.»

Citado por Séneca en su obra Cartas a Lucilio, Carta LIII


«Todos juran que soy hijo de Júpiter, pero esta herida está proclamando que soy hombre.»

Citado por Séneca en su obra Cartas a Lucilio, Carta LIX


«En el universo hay mundos innumerables y yo aún, no he conquistado uno solo.»


«El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar.»


«Muero debido a la ayuda de demasiados médicos.»


«Le preguntaron – Alejandro, ¿Dónde tenéis vuestros tesoros-, y él respondió – En el bolsillo de mis amigos -.»


«No robaré mi victoria.»

-Respuesta de sus tropas cuando le aconsejaban atacar en la noche a las inmensas tropas de Darío en la Batalla de Gaugamela-


«Si espero perderé la audacia de la juventud.” «Si espero perderé la energía de la juventud» Nota: Fue su respuesta a su maestro Aristóteles cuando éste le sugirió que esperase a tener más edad, pues con sólo 16 años no era edad para comandar su primera batalla.»


«Dios es padre común de todos los hombres.»


«Los griegos no deben ser esclavos de los bárbaros.»


«Usted teme el castigo y pide por su vida. Lo dejaré libre y usted verá la diferencia entre un rey griego y un tirano bárbaro. No espere sufrir ningún daño de mí. Un rey no mata a los mensajeros.»


«El final y la perfección de nuestras victorias es evitar los vicios y enfermedades de los que sometemos.»


«Lucharemos para Grecia y nuestros corazones permanecerán en ella.»


«Sus antepasados vinieron a Macedonia y al resto de Grecia y nos hicieron gran daño, aunque no le habíamos agredido. Me han designado líder de los griegos, y el deseo de castigar a los persas lo he tomado de usted.»


«No me siento feliz por esta victoria. Estaría alegre, hermano, si la obtuviera estando parado al lado suyo, puesto que nos une la misma sangre, la misma lengua y deseos.»


«Ninguna fortaleza es tan inexpugnable que no puede entrar en ella un mulo cargado de oro.»


«Al más fuerte…»

Fue su última frase en agonía de muerte mientras sus generales le suplicaban dijese a quién dejaría administrando su vasto imperio. Se debate mucho lo que Alejandro respondió: algunos creen que dijo Krat’eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater’oi (‘a Crátero’). Esta controversia se debe a que la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada.


«¿Será posible, amigos, que mi padre se anticipe a tomarlo todo y no nos deje a nosotros nada brillante y glorioso en que podamos acreditarnos?»


«Recuerda que de la conducta de cada uno depende el destino de todos.»


«Si yo no fuese Alejandro, quisiera ser Diógenes.»

Exclamó eso después de decirle a Diógenes el cínico que pidiera lo que quisiera, y este pidió que Alejandro se moviese a un lado pues le tapaba el baño de sol matutino al que estaba acostumbrado.


«Cuando estéis más alegres…»

Respuesta a sus generales cuando éstos le preguntaron cuándo quería que se dieran inicio (sus honores fúnebres).


«Ya me imagino cuán ostentosos serán mis honores fúnebres.»

Exclamó esto el último día que agonizaba.


«Para mí he dejado lo mejor ‘la esperanza’.»

Fue su respuesta a Perdicas cuando éste le preguntó: ¿Para ti que has dejado? Pues de los bienes ganados en batalla todo lo había repartido a sus soldados.


«No has hecho bien en publicar tus libros de doctrina oral; pues, ¿en qué aventajamos a otros ahora, si las cosas en las que hemos sido particularmente instruidos se revelan a todos?»

Expresó su desaprobación al enterarse de que Aristóteles había publicado cosas que le habían sido impartidas oralmente.


«No tengo una sola parte de mi cuerpo, por lo menos enfrente, que no tenga cicatrices; no hay arma, que se use de cerca, o que se lance desde lejos, de la cual no lleve la marca. Más aún, he sido herido por la espada, mano a mano; con flechas, he sido herido desde una catapulta y muchas veces he sido golpeado con piedras y garrotes.»

(Revista ¡Despertad! 8 de Mayo de 1972)