Aristóteles (6)




Aristóteles (384-322 a. C.). Famoso filósofo y hombre de pensamiento de la Antigua Grecia, cuyas ideas influenciaron considerablemente en Occidente en épocas posteriores.

«Si el espíritu es un atributo divino, una existencia conforme al espíritu será verdaderamente divina.»


«Las cosas se llaman equívocas cuando tan sólo tienen de común el nombre.»


«Portémonos con los amigos como querríamos que ellos se portaran con nosotros.»


«Los predicados del predicado se extienden también al sujeto.»


«La corrupción de una cosa corresponde necesariamente a la generación de otra.»


«No todo término merece el nombre de fin, sino tan sólo el que es óptimo.»


«El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el razonamiento.»


«El agradecimiento envejece rápidamente.»


«La belleza del hombre está o en la sonoridad, o en el significado.»


«La duda es el principio de la sabiduría.»


«No hay nada que envejezca tan pronto como el recuerdo del beneficio.»


«Es absolutamente imposible demostrarlo todo.»


«Es necesario que haya uno o varios principios y aun, en caso de existir uno sólo, que éste sea inmóvil e inmutable.»


«Si las acciones humanas pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes, lo mismo ocurre con los placeres correspondientes. Hay placeres que derivan de actividades nobles, y otros de vergonzoso origen.»


«Gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia.»


«Es evidente que todos los fines no son fines perfectos. Pero el bien supremo constituye, de alguna manera, un fin perfecto.»


«El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe.»


«Quien discute sobre si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes.»


«Es propio del filósofo poder especular sobre todas las cosas.»


«No hay genio sin un gramo de locura.»


«El imitar es connatural al hombre.»


«El instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro.»


«La necesidad ha hecho aparearse a quienes no pueden existir el uno sin el otro, como son el varón y la mujer.»


«El fin de la ciencia especulativa es la verdad, y el fin de la ciencia práctica es la acción.»


«No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, so pretexto de que somos hombres, no pensar más que en las cosas humanas y, so pretexto de que somos mortales, renunciar a las cosas inmortales.»


«Es preciso que la filosofía sea un saber especial, de los primeros principios y de las primeras causas.»


«Lo que tiene alma se distingue de lo que no la tiene por el hecho de vivir.»


«Si nada hay eterno, no es posible la producción ni la generación.»


«No conviene hablar del pudor como de una virtud. Se parece más bien a una emoción que a una disposición adquirida. Se define, pues, como un miedo de dar de sí una mala opinión.»


«Las revoluciones no se hacen por menudencias, pero nacen por menudencias.»


«Cuanto más nos inclina la naturaleza a los placeres, tanto más propensos somos a la licencia que a la decencia.»


«Todo hombre, por naturaleza, desea saber.»


«Los discursos inspiran menos confianza que las acciones.»


«Cometer una injusticia es peor que sufrirla.»


«La ciencia es respecto del alma lo que es la luz respecto de los ojos, y si las raíces son amargas, los frutos son muy dulces.»


«Mercaderes e industriales no deben ser admitidos a la ciudadanía, porque su género de vida es abyecto y contrario a la virtud.»


«Todo lo que se mueve es movido por otro.»


«La bestialidad es un mal menor que la perversidad, pero es más temible.»


«El movimiento no existe fuera de las cosas, pues todo lo que cambia, o cambia en el orden de la sustancia o en la cantidad, o en la calidad, o en el lugar.»


«Si tanto me alaban, será por alabarse a sí mismos, pues al alabarme dan a entender que me comprenden.»

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