Concepción Arenal




Concepción Arenal (1820-1893). Escritora española, vinculada al movimiento feminista.

«Pocas cosas desmoralizan más que la injusticia hecha en nombre de la autoridad y de la ley.»


«Toda gran falta es un acto de egoísmo.»


«La caridad es un deber; la elección de la forma, un derecho.»


«La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado.»


«Odia el delito y compadece al delincuente.»


«No se pierde el tiempo que se emplea en procurar hacer el bien.»


«El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda.»


«La democracia, como la aristocracia, como todas las instituciones sociales, llama calumnias a las verdades que le dicen sus.»


«Para el espíritu, como para el cuerpo, lo que limita la acción menoscaba la alegría.»


«Es raro, muy raro, que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla.»


«El amor es para el niño como el sol para las flores; no le basta pan: necesita caricias para ser bueno y ser fuerte.»


«La felicidad es ciega, sobrado arrogante para ver precipicios bajo las flores que cubren su camino.»


«Cuando no comprendemos una cosa, es preciso declararla absurda o superior a nuestra inteligencia, y generalmente, se adopta la primera determinación.»


«Sustituir el amor propio por el amor a los demás es cambiar un tirano insufrible por un buen amigo.»


«La sociedad paga bien caro el abandono en que deja a sus hijos, como todos los padres que no educan a los suyos.»


«Hay tanta justicia en la caridad y tanta caridad en la justicia que no parece loca la esperanza de que llegue el día en que se confundan.»


«Mal medio es de atraer a un hombre a la razón el tratarle como si no la tuviera.»


«Proteger el trabajo es proteger la virtud, consolar dolores, arrancar víctimas al crimen y a la muerte.»


«Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente.»


«Hay como una amarga complacencia en sufrir una injusticia, que parece legitimar el odio.»


«El amor es para el niño lo que el sol para las flores; no le basta el pan: necesita caricias para ser bueno y fuerte.»


«El tedio es una enfermedad del entendimiento que no acomete sino a los ociosos.»


«Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.»


«No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.»


«El mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas es imitarlas.»


«A veces damos el nombre de favor a la justicia, y creemos de muy buena fe que fuimos buenos y generosos cuando no hemos sido más que justos.»


«El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.»


«Abrid escuelas y se cerrarán cárceles.»


«El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.»


«Todo poder cae a impulsos del mal que ha hecho. Cada falta que ha cometido se convierte, tarde o temprano, en un ariete que contribuye a derribarlo.»


«Las virtudes son hermanas que se abrazan estrechamente; cuando una cae, todas vacilan; cuando una se levanta, todas cobran ánimo.»


«Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.»


«En muchos casos, hacemos por vanidad o por miedo más de lo que haríamos por deber.»


«Hay un camino seguro para llegar a todo corazón: es el amor.»


«No puede ser bueno el que no sabe luchar y resistir.»


«El hombre aislado se siente débil, y lo es.»


«La ley es la conciencia de la humanidad.»


«La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.»


«El pobre se arruina en el momento que deja de ser sobrio.»


«El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído.»

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