Isaac Asimov




Isaac Asimov (1920-1992). Escritor y científico ruso nacionalizado americano, famoso por sus obras en ciencia ficción y divulgación científica.

«Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho.»


«El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría.»


«Le faltaba irregularidad, le faltaba el caos de la vida permanente en la que una habitación, o incluso sólo una mesa, se adapta a las sinuosidades y fluctuaciones de una personalidad particular.»

(Némesis.)


«Cuanto más cercana a la verdad, mejor será la mentira, y la misma verdad, cuando puede utilizarse, es la mejor mentira.»

(Los límites de la Fundación.)


«Hace falta mucho arte para crear algo que parezca desprovisto de arte.»


«Me parece, Golan, que el avance de la civilización no es más que un ejercicio en la limitación de la intimidad.»


«Los hombres que se acostumbran a preocuparse por las necesidades de unas máquinas, se vuelven insensibles respecto a las necesidades de los hombres.»

(Lucky Starr 3, El gran sol de Mercurio.)


«Las normas establecidas con razón y con justicia, pueden dejar de ser útiles al cambiar las circunstancias, pero al permitir que continúen vigentes por la fuerza de la inercia, entonces, no sólo es justo, sino también útil, quebrantar aquellas que nos anuncian el hecho de que son inútiles, o incluso realmente perjudiciales.»

(Fundación y Tierra.)


«El hombre más irremediablemente estúpido es aquel que ignora su sabiduría.»

(Primer Orador de La Segunda Fundación.)


«La ciencia se construye a partir de aproximaciones que gradualmente se acercan a la verdad.»

(Anochecer.)


«Uno se alegra de resultar útil.»

(En boca de Andrew Martin, en el cuento El hombre bicentenario.)


«La ciencia es una sola luz, e iluminar con ella cualquier parte, es iluminar con ella el mundo entero.»


«Un sutil pensamiento erróneo puede dar lugar a una indagación fructífera que revela verdades de gran valor.»


«Se dice, si quieres conocer la tradición, que Hari Seldon inventó la psicohistoria tomando como modelo la teoría cinética de los gases. Cada átomo o molécula de un gas se mueve al azar, de manera que no podemos saber la posición ni la velocidad de ninguno de ellos. Sin embargo, empleando la estadística, podemos deducir, con gran precisión, las reglas que rigen su comportamiento conjunto. De la misma manera, Seldon pretendió deducir el comportamiento conjunto de las sociedades humanas, aunque sus deducciones no podrían aplicarse al comportamiento de los seres humanos individuales.»

(Fundación y Tierra.)


«Yo soy capaz de reconocer los aspectos positivos de la influencia de las religiones a lo largo de la historia. Por ejemplo, les debemos la creación de calendarios racionales que tan útiles han sido, aunque sinceramente, soy incapaz de recordar alguno más.»


«Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción.»


«Si cada año estuviéramos ciegos por un día, gozaríamos en los restantes trescientos sesenta y cuatro.»


«Examinen fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. Y, ¿qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!»


«No tengo miedo a los ordenadores. A lo que tengo miedo es a la falta de ellos.»


«Dudo que el ordenador llegue algún día a igualar la intuición y capacidad creativa del sobresaliente intelecto humano.»


«La educación autodidacta es, creo firmemente, el único tipo de educación que existe.»


«Realmente, casi no es necesario que hagamos el bien. Lo que hace falta es que dejemos de hacer el mal, ¡caramba!»


«Propiamente leída, la Biblia es la fuerza más potente para el ateísmo jamás concebida.»


«La violencia es el último refugio del incompetente.»


«La autoeducación es, estoy convencido, el único tipo de educación que existe.»


«En primer lugar acabemos con Sócrates, porque ya estoy harto de este invento de que no saber nada es un signo de sabiduría.»


«Rendirse ante la ignorancia y llamarla Dios siempre ha sido prematuro, y sigue siéndolo hoy.»


«Espera mil años y verás que se vuelve preciosa hasta la basura dejada atrás por una civilización extinta.»


«Nos acostumbramos a la violencia, y esto no es bueno para nuestra sociedad. Una población insensible es una población peligrosa.»


«No tengo evidencia para probar que Dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo.»


«Las tres leyes de la robótica son:
0. Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.
1. Un robot no puede dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.»

(La ley Cero aparece mencionada en el libro “Preludio a la Fundación” donde R. Daneel Olivaw se la explica a Hari Seldon.)


«La frase más excitante que se puede oír en ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos, no es ¡Eureka! (¡Lo encontré!) sino ‘Es extraño…’»


«Una pistola atómica puede disparar en dos direcciones.»

(En boca de Salvor Hardin, en su libro Fundación.)


«La violencia es el último recurso del incompetente.»

(En boca de Salvor Hardin, en su libro Fundación.)


«La suerte favorece sólo a la mente preparada.»

(Isaac Asimov citando a Louis Pasteur.)


«La vida es agradable. La muerte es tranquila. Lo malo es la transición.»


«Nunca permitas que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien.»

(En boca de Salvor Hardin, en su libro Fundación.)


«Para tener éxito, la planificación sola es insuficiente. Uno debe improvisar también.»

(En boca de Salvor Hardin, en su libro Fundación.)


«Solamente una mentira que no esté avergonzada de sí misma puede tener posibilidades de éxito.»

(En boca de Salvor Hardin, en su libro Fundación.)


«Vale la pena ser obvio, especialmente si eres famoso por tu sutileza.»

(En boca de Salvor Hardin, en su libro Fundación.)

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