Manuel Azaña




Manuel Azaña (1880-1940). Político español, incluido en los anales de la historia por haber sido el último presidente de la Segunda República Española durante la Guerra Civil Española.

«La guerra está perdida; pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos, si nos dejaban.»


«Tengo de mi raza el ascetismo y del diablo la soberbia.»

(Entrevista con Claudio Sánchez Albornoz, 1976)


«No quiero ser presidente de una República de asesinos.»

(Entrevista con Claudio Sánchez Albornoz, 1976)


«La revolución política, es decir, la expulsión de la dinastía y la restauración de las libertades públicas, ha resuelto un problema específico de importancia capital, ¡quien lo duda!, pero no ha hecho más que plantear y enunciar aquellos otros problemas que han de transformar el Estado y la sociedad españoles hasta la raíz. Estos problemas, a mi corto entender, son principalmente tres: el problema de las autonomías locales, el problema social en su forma más urgente y aguda, que es la reforma de la propiedad, y este que llaman problema religioso, y que es en rigor la implantación del laicismo del Estado con todas sus inevitables y rigurosas consecuencias. (…) Cada una de estas cuestiones, Sres. Diputados, tiene una premisa inexcusable, imborrable en la conciencia pública, y al venir aquí, al tomar hechura y contextura parlamentaria, es cuando surge el problema político. Yo no me refiero a las dos primeras, me refiero a esto que llaman problema religioso. La premisa de este problema, hoy político, la formulo yo de esta manera: España ha dejado de ser católica; el problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica el pueblo español. Yo no puedo admitir, Sres. Diputados, que a esto se le llame problema religioso. El auténtico problema religioso no puede exceder de los límites de la conciencia personal, porque es en la conciencia personal donde se formula y se responde la pregunta sobre el misterio de nuestro destino. Este es un problema político, de constitución del Estado, y es ahora precisamente cuando este problema pierde hasta las semejas de religión, de religiosidad, porque nuestro Estado, a diferencia del Estado antiguo, que tomaba sobre sí la curatela de las conciencias y daba medios de impulsar a las almas, incluso contra su voluntad, por el camino de su salvación, excluye toda preocupación ultraterrena y todo cuidado de la fidelidad, y quita a la Iglesia aquel famoso brazo secular que tantos y tan grandes servicios le prestó. Se trata simplemente de organizar el Estado español con sujeción a las premisas que acabo de establecer.»

(Discurso en el Congreso de los Diputados el 13 de octubre de 1931 en el transcurso del debate sobre el proyecto constitucional.)


«Calificando la política republicana de izquierdas: “política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”; en sus diarios, una y otra vez, trata a los políticos que le rodean de “obtusos”, “loquinarios”, “botarates”, “gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta”, insufrible por su “inepcia, injusticia, mezquindad o tontería”.»

(Diarios.)


«Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere, pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco (atribuyéndoselo a Negrín).»

(Diarios.)


«Vendría a ser, sin duda, el pueblo catalán un personaje peregrinando por las rutas de la historia en busca de un Canaán que él solo se ha prometido a sí mismo y que nunca ha de encontrar.»


«Pero no se ha limitado la Constitución a reproducir la tabla de los derechos clásicos del liberalismo del siglo pasado, sino que contiene una serie de definiciones relativas a la propiedad, a la familia, al trabajo, a la cultura, a la protección de los desvalidos, etcétera, todo lo cual prueba que la Constitución ha querido, además, tener en cuenta los fines generales más importantes de la vida de un hombre, buscando así la garantía de la expansión de su personalidad en todas las direcciones importantes.»

(Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.)


«La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres.»


«(La Constitución) no ha legislado sólo para el hombre, sino para el español, es decir, para un hombre cargado y formado por la historia.»

(Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.)


«El patriotismo no es un código de doctrina; el patriotismo es una disposición del ánimo que nos impulsa, como quien cumple un deber, a sacrificarnos en aras del bien común; pero ningún problema político tiene escrita su solución en el código del patriotismo. Delante de un problema político, grave o no grave, pueden ofrecerse dos o más soluciones, y el patriotismo podrá impulsar, y acuciar, y poner en tensión nuestra capacidad para saber cuál es la solución más acertada; pero una lo será; las demás, no; y aún puede ocurrir que todas sean erróneas. Quiere esto decir, señores diputados, que nadie tiene el derecho de monopolizar el patriotismo, y que nadie tiene el derecho, en una polémica, de decir que su solución es la mejor porque es la más patriótica; se necesita que, además de patriótica, sea acertada.»

(Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.)


«Lo que da el ser religioso de un país, de un pueblo y de una sociedad no es la suma numérica de creencias o de creyentes, sino el esfuerzo creador de su mente, el rumbo que sigue su cultura.»

(Discurso en la Cortes el 13 de octubre de 1931.)


«Siempre, es una palabra que no tiene valor en la historia y, por consiguiente, que no tiene valor en la política.»

(Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.)


«El museo del Prado es lo más importante para España, más que la Monarquía y la República juntas.»

(Atribuida a Don Manuel Azaña en el fotograma final de “La hora de los Valientes” de Antonio Mercero, 1998.)


«Lo que me ha dado un hachazo terrible, en lo más profundo de mi intimidad, es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad nacional. A muy pocos nos importa la idea nacional, pero a qué pocos. Ni aún el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado.»


«Las formas sociales y políticas en las que los pueblos pueden entrar y permanecer, no están sujetas a su arbitrio, sino determinadas por su carácter y su pasado.»


«Cuando los españoles puedan emplear en cosa mejor este extraordinario caudal de energías (…) sustituirán la gloria siniestra y dolorosa de la guerra. Y entonces se comprobará, una vez más, lo que nunca debió ser desconocido por los que lo desconocieron: que todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo río.»

(Atlas Ilustrado de la Historia de Madrid, Pedro López Carcelén.)


«Malhaya quien nace yunque en vez de nacer martillo.»


«No me importa que un político no sepa hablar, lo que me preocupa es que no sepa de lo que habla.»


«A la política y a los hombres políticos y de gobierno no les está permitido escindir la realidad, y decir: ‘Esto me gusta, esto me agrada, esto me conviene, esto lo organizo y lo defiendo; lo demás, se quita, se borra, desaparece de la contemplación de mis deberes’.»

(Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.)


«Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito.»

(18 de julio de 1936, nada más conocer la sublevación militar.)


«Cada hombre es un misterio impenetrable en vida y en muerte.»


«Quiero republicanos para la República.»


«Con la realidad española, que es materia de legislación, ocurre algo semejante a lo que pasa con el lenguaje; el idioma es antes que la gramática y la filología y los españoles nunca nos hemos quedado mudos a lo largo de nuestra historia, esperando a que vengan a decirnos cuál sea el modo correcto de hablar o cuál es nuestro genio idiomático.»

(Discurso en la Cortes el 13 de octubre de 1931.)


«Si los españoles hablásemos sólo de lo que sabemos, se generaría un inmenso silencio, que podríamos aprovechar para el estudio.»


«Ni todos los conventos de Madrid valen la vida de un republicano.»

(Tras las quemas de conventos de mayo de 1931.)


«En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro.»


«La vida ofrece a cada criatura su copa de amargura.»


«La posición de un hombre político se determina de esta manera: una tradición corregida por la razón.»

(Discurso en las Cortes el 27 de mayo de 1932.)