Rafael Alberti




Rafael Alberti (1902-1999). Poeta y dramaturgo español, miembro de la Generación del 27.

«El río Guadalquivir se quejaba una mañana: me tengo que decidir entre Cazorla y Doñana y no sé como elegir.»


«Las palabras abren puertas sobre el mar.»


«¿Qué tienes, dime, Musa de mis cuarenta años? -Nostalgias de la tierra, de la mar y del colegio…»


«Ciudades sin respuesta, ríos sin habla, cumbres sin ecos, mares mudos.»


«Cuando tú, al mirarme en la nada, inventaste la primera palabra. Entonces, nuestro encuentro.»


«Ángeles buenos o malos, que no sé, te arrojaron a mi alma.»


«A través de los siglos, por la nada del mundo, yo, sin sueño, buscándote.»


«Nunca escribió su sombra la figura de un hombre.»


«Fue cuando la flor del vino se moría en penumbra y dijeron que el mar la salvaría del sueño.»


«Tú no te irás, mi amor, y si te fueras, aún yéndote, mi amor, jamás te irías.»


«Dejé por ti todo lo que era mío. Dame tú, Roma, a cambio de mis penas, tanto como dejé para tenerte.»


«Yo te arrojé de mi cuerpo, yo, con un carbón ardiendo. Vete.»


«Tiemblos de farolillos de verbena y músicas de los quioscos y encendidos árboles remontaban y súbitos diluvios de cometas veloces que vertían en sus ojos fugaces resplandores. Fue la más bella edad del corazón.»


«Seriamente, en tus ojos era la mar dos niños que me espiaban, temerosos de lazos y palabras duras.»


«Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera.»


«La libertad no la tienen los que no tienen su sed.»


«Yo no quiero morir en tierra: me da un pánico terrible. A mí, que me encanta volar en avión y ver pasar las nubes, me gustaría que un día el aparato en el que viajo se perdiera y no volviera. Y que me hicieran un epitafio los ángeles. O el viento.»


«Y por desconocida las almas conocidas te mataron. No la mía.»


«Ya sabéis que mi boca es un pozo de nombres de números y letras difuntos.»


«Hace falta estar ciego, tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio, cal viva, arena hirviendo, para no ver la luz que salta en nuestros actos, que ilumina por dentro nuestra lengua, nuestra diaria palabra.»


«Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta.»


«Me marché con el puño cerrado… Vuelvo con la mano abierta.»


«Alma en pena: el resplandor sin vida, tu derrota.»


«Dentro del pecho se abren corredores anchos, largos, que sorben todos los mares.»


«La ciudad es como una casa grande.»


«La vida es como un limón, que te tiren a la mar exprimido y seco.»


«Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.»


«Las palabras abren puertas sobre el mar.»


«Y el mar fue y le dio un nombre y un apellido el viento y las nubes un cuerpo y un alma el fuego.»


«Fue cuando comprobé que murallas se quiebran con suspiros y que hay puertas al mar que se abren con palabras.»